Un saludo cariñoso para quien lleva la voz del Señor como misión de vida con la alegría y compromiso de una carmelita misionera, un abrazo y que María y el Señor siempre te acompañen. Elsa
Señor, tu me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua y ya, Señor, te la sabes toda. Me estrechas detrás y delante, me cubres con tu palma. Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco.
A dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada?. Si escalo el cielo, allí estás tú; Si me acuesto en el abismo, allí te encuentro; si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanza tu izquierda, me agarra tu derecha.
Si digo: "Que al menos las tinieblas me encubra, que la luz se haga noche dentro de mi", ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocías hasta el fondo de mi alma; no desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, tus ojos veían mis acciones, se escribían todas en tu libro; calculados estaban mis días antes de que llegase el primero.
Qué incomparable encuentro tus designios, Dios mío, que inmenso en su conjunto! Si me pongo a contarlos, son más que arena; si los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino eterno.
1 comentario:
Un saludo cariñoso para quien lleva la voz del Señor como misión de vida con la alegría y compromiso de una carmelita misionera, un abrazo y que María y el Señor siempre te acompañen.
Elsa
Publicar un comentario